Opinión

Reflexiones sobre Venezuela

Democracia y desarrollo en Venezuela



Rosnell V. Carrasco Baptista 
Abogado, y profesor de Derecho Constitucional y Administrativo en la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), y en la Universidad Metropolitana  (Unimet). 






Es incuestionable que la humanidad en los últimos cien años ha logrado niveles de desarrollo nunca antes vistos, desde los mayores avances en la lucha contra enfermedades endémicas, que en el pasado azotaban al hombre, hasta el increíble desarrollo de las comunicaciones: Internet, teléfonos inteligentes, y redes sociales, nos permiten gozar de una conexión instantánea entre individuos.
Un dato fundamental, es que nada de eso se habría logrado sin el impulso, la fuerza y el vigor de la libertad individual, y probablemente la mayor expresión de esa libertad la encontramos justamente en el reconocimiento de derechos fundamentales como la propiedad privada y la libre empresa, que, lejos de lo que algunas ideologías trasnochadas puedan considerar, se han convertido en el verdadero motor e impulso del vertiginoso desarrollo, que hoy en día produce más riqueza, bienestar y desarrollo, que cualquier recurso natural.
Sin temor a equivocarnos, podemos afirmar que el verdadero desarrollo de las naciones se logra, mediante el incentivo de la creatividad y el talento de sus ciudadanos, quienes desde el ámbito privado, en ejercicio del libre desarrollo de la personalidad, pueden crear verdaderas maravillas, y contribuir significativamente al desarrollo de la sociedad y de la humanidad. Quizás el mejor ejemplo de ello sea, lamentablemente, Venezuela, un país lleno de recursos naturales, pero donde la libertad y la propiedad, son pisoteadas, supuestamente, en busca de lograr la paradójica igualdad.
Un acontecimiento maravilla hoy a la humanidad, el éxito alcanzado por la misión espacial, que después de nueve (09) años, y con la increíble participación de una empresa privada SpaceX, del empresario Elon Musk, lograron exitosamente llevar a dos (02) tripulantes a la Estación Espacial Internacional (EEI).
Este acontecimiento es histórico, porque por primera vez una empresa privada, trabajando conjuntamente con la NASA, logró poner en órbita la capsula espacial Crew Dragon, reafirmando de esta manera que las capacidades del sector privado, pueden eventualmente igualar, e incluso superar lo que hasta ahora había sido reservado al Estado.
No obstante, y en el marco de lo que podemos sentir por un logro, que desde ya debe reputarse como de toda la humanidad, no podemos dejar de sentir nostalgia por la situación en la que se encuentra el país con las mayores reservas de petróleo del mundo. Si contrastamos el vertiginoso desarrollo de la modernidad y el desarrollo de la humanidad, con el deterioro de los derechos de propiedad y libre empresa en Venezuela, podremos concluir con facilidad que nuestro país se encuentra en lado opuesto de ese estupendo desarrollo.
Los venezolanos de hoy, los que habitamos el territorio, y los que están regados por el mundo, padecemos un proceso de deterioro tan acelerado de nuestra sociedad, que solo puede ser comparado con el desarrollo tecnológico que acabamos de narrar, y es que mientras millones de personas ven desde sus teléfonos celulares el maravilloso logro espacial de la empresa de Elon Musk, la mayoría de los venezolanos no cuentan con servicios esenciales como agua, electricidad, gas doméstico, combustible o internet.
Este deterioro es el resultado directo del desprecio por la propiedad privada y por la libertad de empresa, que en el fondo no es más que el menosprecio a las capacidades y habilidades que tenemos los venezolanos para crear las mismas maravillas que los demás ciudadanos del mundo, que viven en sociedades de respeto, tolerancia y democracia, es por eso que Venezuela necesita inmediatamente un cambio, pero no cualquier cambio.
El cambio que nuestro país necesita, en nuestra opinión, no es solo un cambio político. No basta, con desplazar del poder al régimen opresor que actualmente gobierna, ese es sólo el primer paso; y es que es necesario que el país -no solo el gobierno- asuma una actitud distinta de cara a lo privado, y ese cambio, en nuestra opinión, es muy similar al relatado por el periodista Andrés Oppenheimer, en su maravillosa obra intitulada “Crear o morir. La esperanza de Latinoamérica y las cinco claves de la innovación”.
En ese verdadero manual del desarrollo, se expone de manera magistral como lograrlo, se requiere, entre algunas otras condiciones, tolerancia. En efecto, solo en una sociedad que entienda y valore a todos y cada uno de sus miembros por lo que son capaces de hacer y aportar, y no por sus gustos o preferencias, políticas, ideológicas o sexuales, brindará a sus ciudadanos y habitantes las condiciones necesarias para liberar sus capacidades creadoras, y no solo eso, sino que se convertirá en una sociedad atractiva para mentes brillantes de todas partes del mundo, quienes traerán consigo las experiencias para enriquecer nuestra cultura.
En definitiva, todos esperamos el cambio político, pero ese cambio no puede ser solo formal o nominal, sino también tiene que estar dotado de un contenido de respeto a la propiedad privada, y a la libre empresa, para que, en el marco de una sociedad democrática y tolerante, nuestro ciudadanos, puedan desarrollar al máximo sus capacidades, y de esa manera, estamos seguros, que en poco tiempo, no solo recuperaremos nuestra calidad de vida y nuestra democracia, sino que tendremos a muchos Elon Musk, o grades empresas como SpaceX, pero venezolanas, creando una nueva realidad y una nueva economía, que dependa mas de nuestras capacidades de innovación y emprendimiento, que de nuestros recursos energéticos.
Caracas, 30 de mayo de 2020
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El Estado de Emergencia Económico como herramienta para la destrucción de la economía
Rosnell V. Carrasco Baptista 

El proceso de deterioro de la economía nacional, hecho público, notorio, y comunicacional, se ha desarrollado paradójicamente de la mano de la declaratoria del Estado de Emergencia Económico previsto en el segundo párrafo del artículo 338 de la Constitución, el cual está vigente en Venezuela, increíblemente desde el año 2016. 
En efecto, debemos recordar que, en el 2015, la oposición venezolana obtuvo un triunfo abrumador en las elecciones parlamentarias de aquel año, consiguiendo de esta manera las dos terceras partes de las curules del órgano legislativo nacional. Este hecho, debió ser un punto de inflexión positivo, puesto que en teoría obligaba al Ejecutivo Nacional, a negociar con la mayoría parlamentaria de la oposición, especialmente temas económicos y presupuestarios, lo cual habría, sin lugar a dudas, abonado el camino de la recuperación económica.
No obstante, el gobierno decidió tomar otro camino y en 2016, bajo la nefasta tesis de la “guerra económica”, dictó el primer Decreto de Emergencia Económica, el cual para su validez y eficacia requería de la aprobación de aquella mayoría parlamentaria. Sin embargo, el Poder Judicial, abiertamente politizado, decidió, a contrapelo de lo expresamente establecido en la Constitución, confirmar aquel Decreto, que confería amplísimos poderes al Ejecutivo Nacional en materia económica.
El Decreto ha sido renovado y prorrogado de manera consecutiva cada dos meses desde aquellos lejanos días del 2016, siendo su última reedición la contenida en el Decreto número 4.194, publicado en la Gaceta Oficial 6.534, Extraordinario de fecha 04 de mayo de 2020. Este inconstitucional e irracional modo de proceder, lejos de mejorar la situación económica, sólo la ha agravado aún más.
 En la práctica, dicho Decreto, solo ha servido para menoscabar los derechos de propiedad y libre empresa que consagra nuestra Constitución en su artículo 112 y 115, mediante la imposición de restricciones a la libre circulación del dinero, la fijación artificial de precios, la imposición nada razonable de ganancias máximas, la aprobación del presupuesto nacional sin autorización de la Asamblea Nacional, entre otros tantos atropellos a los derechos ciudadanos.
Las consecuencias de ese salvaje trato a la economía nacional las hemos sufrido todos, desde la escasez de bienes de primera necesidad, como alimentos y medicinas, la peor hiperinflación del hemisferio occidental, la pulverización del salario, y más recientemente, la dolarización de facto de la economía, en detrimento de las masas a las que se pretendía proteger, quienes se han visto en la obligación de abandonar el país por millones, en busca de satisfacer las necesidades que en Venezuela, lamentablemente es imposible.
En conclusión, es necesario entender que el país, y por supuesto eso incluye a la economía, no se lo puede manejar manu militari o por la fuerza de las bayonetas, y gobernando por decreto. Para que un país crezca es necesario que la política se desarrolle desde el respeto a los derechos y libertades consagrados en la Constitución, con tolerancia y reconocimiento al que piensa diferente, y resolviendo esas diferencias mediante el dialogo, la negociación y el consenso. 
No obstante, pareciera que en la Venezuela de hoy nada de esto es posible, sin un cambio democrático, que permita restablecer las libertades ciudadanas y la conformación de un gobierno legal y legítimo, con reconocimiento internacional, y que pueda asumir la dirección del país desde una perspectiva totalmente diferente a la que se ha pretendido imponer durante los últimos veinte años.  
                                                                                                        Caracas, 9 de mayo de 2020

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